Dime como
te llamas
y te diré
quien eres

Dentro del proceso del branding, y empezando la casa por el tejado, lo primero que tendríamos que hacer después del proceso de estudio y análisis, sería poner nombre a la criatura.

Por increible que parezca los procesos de naming pueden alcanzar resultados muy variados que pueden suponer una gran éxito para la nueva marca como ser un auténtico desastre.

En este sentido hay que ser muy metódico en el proceso de búsqueda del nombre ideal, y tenemos que decir que puede ser un largo proceso y de gran complejidad con muchas variables a tener en cuenta que no están en tu mano y que en ocasiones te pueden volver a llevar a la casilla de salida.

Ante un encargo de naming el proyecto se tiene que plantear sobre todo a dos grandes niveles que tienen que ir de la mano en la toma de decisiones y estos dos niveles la proporción de la parte menos creativa es la que finalmente tiene más peso y relevancia.

  1. Parte «creativa»: Buscar originalidad, diferenciación, conexión con la personas, conexión con los valores de la compañía, buena sonoridad, fácil de recordar, que sea evocador, en definitiva, todo lo que tiene que ver con la creación del nombre en si.
  2. Parte «legal/analítica»: Parte que determinará si realmente podemos usar o no el nombre soñado.
    Análisis: Se tendrá que analizar la posición del nuevo naming respecto a la competencia, asociaciones negativas posible en diferentes idiomas, posibles confusiones con nombres existentes, etc.
    Legal: ¿El nuevo naming se puede registrar? ¿Tenemos dominios y nombres de redes sociales disponibles para el nuevo naming?
    Debido a la sobre saturación de nombres de marca este proceso es sumamente frustrante y puede llevarte a volver a empezar en muchas ocasiones.

Un buen nombre es siempre el principio de una buena historia, la tuya, y tenemos que darle la importancia que realmente tiene porque es la primera carta de presentación de tu marca.